La modernidad de las Fábulas de Esopo

La modernidad de las Fábulas de Esopo

Estoy asistiendo a unas clases para aprender a contar cuentos (a contar, no a leer, ni a interpretar) donde tengo que poner en práctica la teoría impartida. Hoy he ido a mi querida biblioteca a navegar entre cuentos tradicionales y elegir alguno. Como siempre, me he topado con muchos textos interesantes pero además me he reencontrado con una recopilación de Fábulas de Esopo que me ha enganchado absolutamente. ¡Y es que están de total actualidad! Microrrelatos con moraleja y algunos casi entran en los 140 caracteres.


Los historiadores no tienen demasiado clara la biografía de Esopo, aunque casi todos coinciden en que vivió en el siglo IV a.C. en la antigua Grecia. Su figura ha dado nombre a las legendarias Fábulas de Esopo que han pasado de boca en boca y de generación en generación hasta la llegada de la imprenta, cuando fueron recopiladas e ilustradas por diferentes autores.

Las fábulas son pequeñas historias, normalmente protagonizadas por animales humanizados y que tienen un objetivo moralizador. Yo  tiendo a hacer las cosas siguiendo un orden,  por eso me gustan especialmente las Fábulas de Esopo, que habitualmente siguen este esquema:

  1. Como punto de partida se plantea un conflicto entre dos personajes, que suelen ser animales.
  2. Estos personajes reaccionan libremente al conflicto, según tienda a hacerlo la figura que lo representa.
  3. Para finalizar, una breve frase evalúa el buen o mal comportamiento de los personajes, actuando de cierre y de “moraleja”.

Las fábulas han sido la “guía de comportamiento” que todos nuestros antepasados han seguido, integrándose también en nuestra retórica y vocabulario. ¿Quién no ha mencionado alguna vez a el Lobo al hablar con el amigo quejica? ¿Quién no ha comentado eso de es mejor que no toques demasiado a la Gallina de los Huevos de Oro?

Con tanto friki suelto en las redes sociales, no sé como no se ha hecho nada creativo usando las Fábulas de Esopo como protagonistas.

Me ha costado elegir sólo una, y como premonición para futuras noticias, elijo la fábula de El Ratón de Campo y el Ratón de Ciudad*

Un ratón campesino tenía por amigo a otro de la corte, y lo invitó a que fuese a comer a la campiña. Mas como sólo podía ofrecerle trigo y yerbajos, el ratón cortesano le dijo: “¿Sabes, amigo, que llevas una vida de hormiga? En cambio yo poseo bienes en abundancia. Ven conmigo y los tendrás a tu disposición. ”
Partieron ambos para la corte. Mostró el ratón ciudadano a su amigo el trigo y legumbres, higos y queso, frutas y miel. Dispuestos ya darse un festín, un hombre abrió de pronto la puerta. Espantados por el ruido de los ratones se lanzaron temerosos a los agujeros. Volvieron luego a buscar higos secos, pero otra persona entró en el lugar, y al verla, los dos amigos se precipitaron nuevamente en una rendija para esconderse. Entonces, el ratón de los campos, olvidándose de su hambre, suspiró y dijo al ratón cortesano: “Adiós, amigo, veo que comes hasta hartarte y que estás muy satisfecho; pero es al precio de mil peligros y constantes temores. Yo, en cambio, soy un pobre y vivo mordisqueando la cebada y el trigo, mas sin congojas ni temores hacia nadie”

Tú decides si quieres disponer de ciertos lujos y ventajas que siempre van unidos a congojas y zozobras, o vivir un poco más austeramente pero con más serenidad. 

*Extraída de las Fábulas de Esopo, una edición clásica ilustrada, compiladas por Russel Ash y Bernard Higton. Editorial Juventud. Barcelona. 2003

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